Aunque la revisión histórica del s.XX se empeñara en denominar Guerra de la Independencia al conflicto bélico que se produjo en el Reino de España a principios del s.XIX dentro del contexto europeo del expansionismo del Imperio Napoleónico, la tradición popular fue la de denominar a aquella contienda la Guerra del Francés, al ser el Imperio de Napoleón bajo las órdenes de José Bonaparte el que quiso anexionar al Reino de España. En Cataluña, la denominación Guerra del Francès sigue estando vigente hoy en día.
Zaragoza sufrió dos sitios terribles en los que la resistencia aragonesa acabó ofreciendo una serie de héroes y mártires, mujeres y hombres, aragoneses y catalanes, muchos de ellos aragoneses de adopción al final. Desde el célebre gobernador de Zaragoza y capitán general de Aragón José de Palafox y Melci hasta la catalana Agustina Saragossa i Domènech, veterana de la Batalla del Bruc y nacionalizada aragonesa como Agustina de Aragón, pasando por el Tío Jorge Ibor y Casamayor, las catalanas Maria Ràfols Bruna y la condesa de Bureta, o mosén Santiago Sas y Casayau, por citar algunos. Hoy en día dan nombre a calles de Zaragoza y a formar parte del elenco de personajes de la mitología española.
Precisamente, un pasaje histórico tan terrible y de exaltación nacional a·ra·go·ne·sa dio lugar a una de las célebres coplas cantadas con la melodía de la jota aragonesa que acabó consolidando el fenómeno del baturrismo durante el s.XIX, la base de la identidad mayoritaria en el Aragón del s.XXI.
La Virgen del Pilar diceque no quiere ser francesaque quiere ser capitanade la tropa aragonesa.
Un símbolo aragonés como venía siendo la Virgen del Pilar y su basílica, cuya leyenda iba en aumento tras sucesos como el denominado “milagro de Calanda”, adquirió la categoría de símbolo nacional aragonés en toda regla durante los Sitios de Zaragoza: la resistencia de una ciudad y de un pueblo, el aragonés, con la inestimable ayuda de veteranos catalanes. No tardaría, sin embargo, el incipiente nacionalismo español en adoptar dichos sucesos, dichos personajes y dichos símbolos como propios de su mitología particular. Así, unas décadas más tarde, lo que aconteció en la capital aragonesa se recogería en un volumen de los Episodios nacionales del canario Benito Pérez Galdós.
Dos siglos más tarde, es el mismo alcalde de Zaragoza, el morano Juan Alberto Belloch, el que es capaz de ir más allá con el baturrismo: por si las estampas decimonónicas no habían tergiversado y denostado lo aragonés y la aragonesidad hasta el punto de convertir una copla popular patriótica y bélica en una canción sobre la “nobleza inculta aragonesa”, ahora se ignora ya al propio Aragón. La reciente confrontación absurda entre las candidaturas olímpicas de cara a los Juegos Olímpicos de Invierno de 2022 entre Zaragoza y Barcelona-Pirineus se ha convertido en un enfrentamiento en el que el nacionalismo español arrasa con todo. Así, según rescata la web Aragón Colonial de la entrevista al alcalde de Zaragoza publicada en el Heraldo de Aragón, el morano afirma lo siguiente:
Lo que pasa es que no puede ser que una comunidad declare todo el día que es una nación y después, para algo que le interesa, de repente le importe la nación española. Es una permanente contradicción. Hay mucha gente que piensa, aunque no sea el caso de Hereu, estoy convencido, que si gana Barcelona serán los Juegos de la nación de Cataluña, sobre todo los que son independentistas. En el caso de Zaragoza, los Juegos serán de la nación española. Aquí nadie juega al independentismo. Eso le crea dificultades a Barcelona. Como le crea dificultades que se multe por utilizar el español. En Aragón hacemos esfuerzos de verdad por tener una buena relación con Cataluña, pero lo cierto es que no se dejan.
Efectivamente, la candidatura de Zaragoza-Jaca se postula como un certamen olímpico de la nación española. Aragón sólo se menciona para justificar el anticatalanismo aragonés… que entiendo que es un anticatalanismo de base españolista, puesto que la confrontación que ve el alcalde del PSOE con Cataluña es de nacionalismos, el nacionalismo catalán y el español. ¿Y Aragón dónde queda? ¿Se produce una confrontación política que se traslada al ámbito social por una defensa de la nación española? Es decir, no sólo Zaragoza pretende apoderarse de la candidatura olímpica de Jaca que lleva presentándose desde finales de los años 80 (perpetuando el centralismo zaragozano endémico) maquillándolo de “candidatura conjunta Zaragoza-Jaca”, sino que encima lo justifica en base a la defensa de la nación española. O existe un terrible complejo de inferioridad frente a nuestros vecinos, o el nacionalismo español ha logrado suplantar cualquier tipo de identidad aragonesa. Porque todo indica, que si la jota siguiera siendo una manifestación cultural viva y no una expresión en progresiva desaparición, hoy en día de la alcaldía de Zaragoza podría salir algo así:
La Virgen del Pilar diceque no quiere ser aragonesaque quiere ser abanderadade la nación españolesa.










